lunes, 5 de agosto de 2013
La última llamada de Abel, me preocupó bastante, pues se encontraba en un estado, que se podría asemejar a esos últimos instantes dolorosos y abrasadores antes del último suspiro, su nivel de taquicardia, se debía a que justamente hoy, se le ocurrió pasar por aquel apartado pueblo, donde semanas atrás encontraba una profunda paz y tranquilidad, donde en el aquel pueblo su corazón podía gozar una gran felicidad que, quizás, nunca fue plena, pero demasiado intensa. Al llegar a aquel sitio, tan cercano a aquel teatro, donde disfrutaba, de plena satisfacción, que pudo solo aquella sorpresa, recordó aquel primer beso, tan dulce, como si una pequeña piruleta en forma de corazón se te derritiese en la boca, esos hermosos besos, que parecían algo más, que quizás, intentaron serlo, empezó a llorar, ríos de sangre inundaron todo el pueblo, aquella tristeza que inundo profundamente su débil alma, le hizo sacar una enorme rabia, con la que, sin más, pegó un enorme puñetazo con todas sus fuerzas, a aquella pared que ninguna culpa tenia de nada, conllevó a que aquel rojizo rio se hiciese más abundante, decidió que ya era hora de marchar a casa, pero antes de marcharse de aquel apacible lugar, no muy lejos de allí, escondió algo, algo que quizás, Rodrigo nunca pueda encontrar, pero que desearía que lo observase con todas sus fuerzas, ni siquiera a mí me contó que cosa es, al escucharlo y desahogarse como siempre, finalizamos las llamadas, pero cada vez me hacer pensar más, ¿Qué será, donde y por qué habrá escondido algo para Rodrigo tan cercano al lugar donde se dieron aquel profundo beso? ¿Podrá encontrarlo Rodrigo algún día?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario