martes, 30 de julio de 2013
Cae la tarde, y el cielo, cual algodón de azúcar, recubierto de nubes, enrojece como si de una gran llamarada de fuego ardiente o lava enardecida se tratase, quizás sea su forma de demostrar su sentir, incomprendido las más veces por la humanidad inconsciente, posiblemente solo unos pocos afortunados, podrán en sus cabezas saber el verdadero sentir, ese sentir tan especial, que todos quisieran tener, pero la vida está llena de esos rebaños de borregos, que creen sentir y no sienten, ni por ellos mismos, por ello cabe preguntarse ¿seré de esos seres maravillosos capaces de comprender el sentir del cielo, del mar o del sol? O ¿simplemente uno más de ese estúpido rebaño que caminan juntos hasta el final de un gran precipicio?
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