martes, 30 de julio de 2013

Ayer al levantarme, sentí una sensación extraña, como si en el aire se respirase algo que no era del todo normal, como si de una mezcla entre pescado podrido y perro muerto se tratase, fui a desayunar, mientras lo hacía, sonó el teléfono, eran alrededor de las 12 de la mañana, contesté, curiosamente era uno de mis mejores amigos, Abel, estaba casi llorando, por lo que le pregunte que le sucedía, me cautivo contándome que hacia justo un mes, que había recibido el mayor regalo que pudiese soñar, el 29 de junio, ese regalo llegó a sus manos, le hizo tan feliz, que parecía estar flotando entre un mundo de chocolate y algodones de azúcar, con palabras entrecortadas me dijo que el sueño de un hombre parece no cumplirse nunca, pues hacía ya unos días ese regalo, al que tanto amor, cariño, y afecto le había dado, le fue arrebatado de sus manos, enseguida comprendí que esa era la sensación que tuve yo la mañana al despertar, he intente calmarlo, pero como muchos otros intentaron, tampoco pude hacer nada, así que después de conversar un rato con él, ambos colgamos los teléfonos, pero me quedé pensando ¿Podrá Abel seguir adelante, dejando atrás las cosas pérdidas para las que no tenemos remedio, ni podremos recuperar? O ¿se quedará sintiendo ese dolor tan inmenso que parece ir reventándole los órganos vitales, desencajándolos poco a poco, con la sangre brotando a borbotones, que lo puede llegar a volver loco?

No hay comentarios:

Publicar un comentario