martes, 30 de julio de 2013

Esta mañana pase por la escuela de arte dramático de Sevilla, sentado allí, en uno de sus largos pasillos, se encontraba un chaval, cuyo nombre no me parece correcto mencionar, se encontraba en un estado, en el cual, poco le faltaba para volverse loco, sigilosamente, me acerque, y le pregunte, que le pasaba, sin mediar palabra, me abrazo y se echó a llorar, al tranquilizarse, sin más dilación, le pregunte cuál era su sufrimiento. Rodrigo, el chico que le había devuelto las esperanzas, le había dejado, y él aun no podía entender, por qué ahora le hacía, yo le dije, lo que se debe decir en estos casos, “ya encontraras alguien mejor”, “no te merece”, “eres joven”….Cosas que no parecían animarlo demasiado, Salió corriendo, antes de marcharse, me dio las gracias por todo, y me dijo que se marcharía lejos, donde nadie supiese de él, a la par que no podía dejar de hacer brotar lágrimas, como si de un cielo encapotado se tratase. ¿Conseguirá escapar de sí mismo y del fantasma que lo atormenta, de Rodrigo?

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